Homenaje a Remedios Amaya, todo un éxito

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Dicen los que chanelan de esto que en el flamenco tan importante es lo que se canta como lo que se calla, lo que se baila como lo que no. Que un silencio a tiempo de la guitarra vale a veces más que mil rasgueos, que es al recoger el tercio cuando se escapan los oles. María Dolores Amaya Vega (Triana, 1962) eligió para su nombre el remedio, antes que la enfermedad, esa innombrable que la ha mantenido en silencio el tiempo justo para tomar aliento.

“Rompiendo el silencio” es el título del álbum y de la gira que Remedios se vio obligada a interrumpir cuando, allá por el 2016, los médicos le dijeron que parara. Anoche se cerró el paréntesis oscuro y la luna se vistió de nueva sobre el cielo de Sevilla; se cubrió Remedios de seda su piel morena, y lanzó un grito de vida arropada por su gente. El silencio está roto, larga vida al cante. Restaurantes La Pesquera de Marbella, ha contribuido en esta gala ofreciendo el servicio de Catering de forma totalmente gratuita para ayudar a la cantante en su regreso. Contribuyendo así como viene siendo habitual en la ayuda a los que más lo necesitan.

De poco sirve tratar de reseñar lo que todos y cada uno de los congregados cantó o dejó de cantar. Un elenco de artistas tal y de esa categoría no se recuerda  a este lado del río. No podían estar todos obviamente, pero sí casi todos los que estaban. Faltaron a la cita anunciada, por causa de fuerza mayor, Antonio Carmona y Parrita, a quienes les deseamos su pronta recuperación. El auditorio, por su excesivo aforo (lleno a reventar), quizá no es el lugar más idóneo para escuchar cante. Pero ayer no era día sino para la fiesta.

Bulerías, vengan bulerías, que decía Pastora. Momentos inolvidables de la noche, que fueron unos cuantos. En la retina quedarán la sabiduría y excelente forma de Pansequito y la memorable actuación de Aurora Vargas, que se llevó una de las ovaciones más atronadoras de la noche. Impecable Miguel Poveda, como siempre, que personalizó su actuación con letras de la homenajeada, como también hicieron Diego Carrasco, esta noche me llamo Diego Amaya Carrasco, qué arte tienes, Diego, y El Pele, un tratado andante de afinación y cante grande. La Niña Pastori, flamenca y doliente como nunca la vimos sobre un escenario.

Y el final de fiesta, con decenas de artistas en escena, que dicen las buenas lenguas que pasará a la historia, con esa Manuela Carrasco y ese Antonio Canales estelares, y Carmelilla Montoya, para comérsela. Y, por supuesto, el delirio por la actuación de Remedios, que echó el auditorio abajo, lo sacudió y lo volvió a poner en su sitio. Visto y no visto.

Fuente: Revista La Flamenca









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