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Una brisa del Mediterráneo en la Casa de Campo de Madrid

Un viaje en el tiempo aderezado con una explosión de todos los sentidos. “La Pesquera” ubicada en La Casa de Campo de Madrid invita a todos sus clientes a recorrer varios siglos de historia neoclásica con un toque andaluz, sin olvidarse del gusto por el buen comer.

La puerta de Bisagras, réplica de la existente en Toledo, marca nuestro punto de salida, tras su umbral nos recibe Ángeles Mesas, hermana de Ramón Mesas, “El jefe”. “Aquí me siento a gusto, estoy en la gloria”, dice Ángeles quien, como si estuviera en su casa, nos enseña los más de 5.000 metros cuadrados repartidos en cuatro plantas que tiene el edificio.

Ramón no lo dudó ni un instante. Según Ángeles: “Marbella ya se le hacía pequeña y necesitaba expandirse, abrirse otro horizonte. A él le gusta mucho Madrid porque siempre ha sido su referencia. El día que le ofrecieron este antiguo Pabellón de Toledo de la Feria de Madrid lo vio claro y dijo “vamos a intentarlo” y ya lleva 8 años”.

“La Pesquera” es un continuo ir y venir de contrastes. La robusta entrada da acceso a “El Patio”. Nada más pisarlo el corazón late con fuerza y se acelera. El típico patio andaluz con sus arcos, su fuente y esos rayos de sol de día o estrellas de noche, consigue trasladarnos al sur… a Andalucía. Francisco, Maître de “La Pesquera”, lo sabe: “A la gente le encanta el ambiente del comedor.

Todo el mundo quiere comer aquí porque es muy tradicional”. Junto al patio, el salón “Regencia” nos trae de vuelta a Madrid pero al Madrid del Siglo XVIII. Las lámparas, las chimeneas, las sillas e incluso las propias columnas provocan una visión onírica del ambiente afrancesado de la corte madrileña. “Recrea el estilo neoclásico de las casas solariegas toledanas. Es como si estuvieras en tu palacio. En invierno encendemos la chimenea. Es mi rincón favorito.

Ya que no tengo mar, tengo el calor del fuego que se siente como un hogar”, asegura Francisco. Al fondo, como en cualquier corte que se precie, se esconden los secretos de alcoba. Cuatro salones privados para 15 ó 20 personas, con una cuidada y refinada decoración, para las reuniones o veladas más discretas e íntimas.

La planta superior la componen dos salones para los grandes eventos. Con capacidad para 225 personas el salón “Principado” o 400 personas el salón “Infantado”, son ideales para celebrar bodas. Aquí los recién casados se sienten como reyes en un día tan especial. Además “La Pesquera” siempre les trata como altezas. Ángeles, conocedora de “La Pesquera”, es consciente de que los tiempos cambian y que hay que adaptarse a ellos pero sin olvidar el trato tan especial que siempre ha buscado Ramón con sus clientes. “Los novios que celebran aquí su boda, al año de casados están invitados a una degustación similar a la que tuvieron el día de su boda para celebrar el primer aniversario y les regalamos una tarjeta con un 15% de descuento de por vida. Además hemos creado una tarjeta Vip para que los clientes más asiduos puedan tener un 10% de descuento siempre que vengan”.

“La Pesquera” es un palacete pero lo más importante es que es tu palacete, tu casa. Si de algo se sienten orgullosos es que aquí todos forman parte de esta gran familia. La hermana de Ramón lo repite una y otra vez: “Buscamos que la gente sienta que viene a su casa.

No voy a un restaurante, voy a mi casa a comer y me sirven como en mi casa”. Francisco el maître, también lo siente así: “Es una característica muy, muy, muy importante. El cliente cuando viene aquí se quita el reloj.

Sabe cuando entra pero no cuando sale”

Nos desvela además parte de su secreto:

“Lo importante es tratar a todos por igual”.

En la planta baja está el salón llamado “La Bodega”. Nada más pisar las escaleras ya se oye el repicar de las castañuelas y el sentir andaluz. Un enorme abanico rodeado de arcos nos invita a disfrutar de los más variopintos eventos. Fiestas privadas o celebraciones multitudinarias que pueden estar ambientadas por un grupo musical.

Antes de darle rienda suelta al paladar, hay que hacer un alto en el camino. Es hora de tomar el aperitivo. Cuando el tiempo acompaña, es difícil elegir dónde. En la barra, el balcón a nuestro querido patio andaluz o en el chiringuito junto a la entrada. Sentir, oler, soñar y viajar 600 kilómetros al sur sin moverte de la capital. “¡Umm! Los espetos de sardinas, el olor de los espetos. La brisa en la cara y ese humeante pescaíto.

Es como si estuvieras en Marbella. No ves de fondo el mar pero,aquí tenemos el gran lago de La Casa de Campo”. Si a esto le sumamos un buen vino del sur; manzanilla, vino Málaga o blanco de Cádiz, encontramos la combinación perfecta. Perfecta y única.

 

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